Lo bueno de pillar una viriasis de campeonato - en el supuesto de que tenga algo de positivo enfermar, conste- es que te tumbas en el sofá y te tragas todo, todito, todo lo que el satélite emite. Estás tan hecho polvo que hasta practicar zaping te resulta un deporte de riesgo.

Así he pasado los últimos días. Mantita, sofá, leche calentita y un canal en la tele que en mi vida había visto. Siempre he sido muy manirrota, de las que gusta de lo nuevo, bello y caro - por norma,  me enamoro de lo más cotizado, ¡menuda suerte la mía!- y, a parte del ricitos de Bricomanía - que menudos churros hace, como para dejar que tu marido practique sus artes en casa -, no conocía más programas del estilo. Pero ahí está el satélite, mi fiebre y la de los americanos que, en estos días, me han demostrado que cualquier basura es mejor, más barata y se encuentran objetos más prácticos que en los afamados almacenes Harrods.

Las chicas de ¡Vaya tela! - tres monísimas muchachas- son capaces de cambiar tu insulsa habitación en una lujosa suite caribeña con solo unos trapitos, máquina de coser y su arte.

Los ... - no me acuerdo del nombre - son tres diseñadores que recorren todos los callejones buscando muebles desechados que convierten, mejor que el hada de cenicienta, en bártulos con estilo propio. A mí algo de reparo me daban, la verdad, tras ver su procedencia y, como estaba de virus hasta el cuello, solo pensaba: ¡Dios, ¿quién se habrá moqueado en ese sofá?!

Por si fuera suficiente sesión de reciclaje, en otro programa unos vecinos se cambian las casas y, con sus propias manos y la orientación de geniales decoradores, pintan y reconvierten la estancia que eligen del de al lado, es decir, del susodicho vecino. Valor tienen, porque para alguno podría ser una bonita manera de vengarse. Vuelves a tu casa y te han pintado de rojo chillón el salón, te han tapizado de negro y blanco - a lo vacuno- el sofá y las cuatro sillas de piel de búfalo que tenías han pasado a ser cajones para el perro. Puede darte el patatús de tu vida. Pero si le dio a alguien no lo sé. En los capítulos que vi todos eran muy felices y a todos les encantaban las flores, los bichos y las borlas que les colgaban en los techos. América is diferent.

América es diferente y en España no nos quedamos cortos. Fichado en el satélite: El rey del reciclaje. Un chico muy majete, con un taller de tres cuartos - comparado con el que tiene el ricitos del brico-  pero en el que es capaz de hacer una lámpara con el tambor de una lavadora vieja - si no lo veo no lo creo-, o una mesas y unas sillas de exterior con unas bobinas vacías de cableado. Curro se pegó y tute de ir a desguaces y vertederos, todo sea dicho, también. ¿Curiosos los inventos? Pues sí, gracia tenían, pero feos eran un rato feos.

Cambio de canal y una señora muy remaja me enseña cómo hacer un menú completo para cinco de familia - el perro come los huesos sobrantes- con no más de seis euros - ¡qué apañada es! Cada vez que voy al super me dejo el triple, pero claro, soy una manirrota.

Me trago todo el menú, a la espera de que el próximo programa sea más entretenido y, al término, una abuelita me enseña a hacer un bolso de mano - mejor que los de Chanel- con las bolsas de plástico del Carrefour. ¡Joer, esto ya me supera!!!!!!

Cuando mis penosos ojos dejan de lagrimear por el gripazo, paso por Internet para ponerme al día - desde la última desconexión descubro que he perdido adicción, ¡macachis!

Crisis, crisis, crisis. ¡Hay que reciclar! "Como no recicles, multa".

¡Maldita crisis! ¡A mí me gusta lo nuevo! - que a la Leti no la veo yo con el bolso reciclado del Carrefour en un acto refinado, la verdad.

Y como la red es más amplia pues, claro, llega a todos los rincones, hasta los más íntimos y me entero que ya no he de comprarme el vibrador nuevo, no, ahora puedo alquilarlo. ¡Dios, eso me parece muy, pero que muy cochino! Es un utensilio tan personal, tan intransferible, tan propio, tan ..., ¿cómo diría?, tan ¿introvertido?; pues eso, que no me veo usando uno de préstamo por más crisis que nos acucie y por más que me digan que lo han lavado con jabón - a ver si alguna ladilla resistente se ha escondido en un pliegue y la liamos gorda.

¿Cuál será lo próximo? ¿Reciclar el preservativo?

¡Cielos, menuda crisis!