Vivimos en la era de la comunicación y los números nos sirven para todo o casi todo. Nuestra dirección on-line (IP) no es más que una serie de dígitos, el nombre de nuestro correo personal contiene cifras y nos convertimos en el visitante 9898 en el contador de una web. El “efecto numerológico” es tal que David A. Holmes, profesor de la Universidad de Manchester, ha conseguido – emulando a Einstein- crear una ecuación matemática para “matematizar” el culo perfecto.

S es el factor general de forma, que sopesa la caída del culo o desparramamiento de las carnes.
C es el factor que mide la redondez de los glúteos.
B es el factor rebote o bamboleo muscular, que mide la capacidad del culo para moverse.
F es la firmeza o resistencia a la deformación.
T la textura de la piel, y tiene en cuenta la presencia de celulitis.
V es el ratio entre cadera y cintura, o simetría del culo.
La fórmula del culo perfecto sería, pues, la siguiente: (S+C) x (B+F) / T - V

(Fuente diario Adn)

Ni que decir tiene que, esta nueva concepción culística, cambia todos mis esquemas mentales. A partir de ahora un trasero tendrá una puntuación objetiva. Si es 0, pues es que está mal hecho y punto pelota; si el resultado da 10, ¡olé tus nalgas! Y, para la mediocridad, valores del 4 al 6.

Ahora bien, ¿qué pasa con el resto de la anatomía sexual o metrosexual, para ser más específica?

Tenemos delante de nuestros ojos, y a punto de caramelo, al macizo del piso tercero. Nos propone un encuentro íntimo en su pisito – ya se sabe, la típica frase: “pasa vecina que te voy a enseñar el último cuadro que he comprado”. Tú entras, segura que el salvaslip no te ha traicionado y que tus tangitas están inmaculados. Pero…, ¿y si es un fraude? – el tío, me refiero-. ¿Cómo cercionarnos antes de arrepentirnos?

Pues bien, siguiendo las matrices matemáticas del profesor Holmes, creo que he conseguido concebir la ecuación masculinial.

Veamos:

Al valor total resultante de la aplicación matemática lo he denominado Pp (valor de Penetración Personalizado). Si es negativo, nasti de plasti, hay que salir por patas antes de cometer una insensatez. De 5 a 8, la reacción es opcional, depende del grado de necesidad; y de 8 a 10, por descontado, hay que probar la experiencia – de lo contrario toda la vida repetirás que fuiste tonta, tonta, tonta.

La primera operación a realizar es:

(C+D)

Donde C es la variable que cualifica al común Calzoncillo. Es la impactante visión que se percibe tras la caída de los pantalones. Para mesurar dicha variable, hay que tener en cuenta factores que degradan tal que: raya marrón en el trasero, talla, altura – los que sirven de braguero dan 0 directo), y color – fosforitos y made in china pueden valorarse de 2 a 4, según gusto personal.

D será la otra incógnita que debemos despejar tras haber analizado la variable C, es decir, después de los calzoncillos. Por pura lógica, D valorará la Depilación. Si nos encontramos un matorral, 0 y pasando; ladillas saltando, pues directamente -5 y salir corriendo que la ecuación da negativo fijo; peludo pero aseado; pues de 1 a 5 y el resto de la escala, a criterio personal.

Resuelto el primer paréntesis matemático, siendo la cifra obtenida positiva, deberemos multiplicar el resultado por el valor que obtengamos de la operación (Te – Tr) – (Tamaño erección- Tamaño reposo). Resolver este enigma requiere minutos, los que necesita el sujeto masculino para ponerse en marcha, es decir, empinar. La precisión en la toma de medidas es fundamental. Si, directamente la resta nos da negativo, por supuesto, hay que abordar de inmediato la operación. Estamos ante un macho inverso, pero, si la naturaleza nos provee de una cifra positiva hay que continuar operando.

El valor resultante de las dos operaciones detalladas hay que dividirlo por la variable subjetiva Vg (valoración general) . Este valor debe reflejar la guisa e impresión que, nuestro futuro amante, nos causa. Aquí es donde los calcetines pueden influenciar al valor resultante. Un hombre, preparado para la faena, con los calcetines puestos, jamás, jamás debe puntuar positivo. Hay que ponderar los gestos, las palabras, la actitud y, sobretodo, la imagen general.

Si la cifra obtenida hasta el momento, merced a las operaciones sigue siendo positiva, estamos ante el gran momento del contacto y solo nos quedará restar al número resultante la variable O ( olor corporal). Un buen perfume nos facilitará la puntuación 8 – 10; aroma natural no molesto podrá valorarse entre 4 -7; fragancia no reconocida pero neutral de 0- 3 y olor a tigre directamente negativo .

Así pues, como los datos no engañan, si el resultado es mayor de 7, hay que desinhibirse y a disfrutar tocan. Entre 3 y 6 podemos correr algún riesgo sorpresivo. De 0 a 3, mejor abstenerse pero, ya se sabe, la necesidad manda. Y negativo, estamos ante un guarro natural.

Espero que dicha ecuación sea de utilidad para todas las mujeres y que en el futuro pueda compartir cartel científico con Einstein.

Y, como diría el popular conejo Bugs bunny, esto es todo, amigos.