Lo mejor de los blogs es su espontaneidad, lo más suculento, sin duda, son los comentarios, sobre todo si se tiene la dicha de poder disfrutar de los añadidos de personas tan interesantes como mis amig@s. Soy una mujer con suerte.

Ayer, mi sin techo preferido, Mayoral, me dejó una interesante apreciación en mi anterior post que me ha hecho reflexionar (también ha inflado mis venas).

¿Cuántos falsos mitos se han edificado sobre el sexo?

Vivimos en el s.XXI y las mujeres no tenemos que seguir reprimiendo algo tan natural como es el impulso sexual. Señores machos, los camisones con el agujerito bordado están en los museos, pueden ser admirados pero no utilizados.

Sí, según algunos, la mujer es la que ha de poner una excusa para no mantener relaciones íntimas, el hombre siempre está a punto. ¿Y alguna fémina se lo cree?

¿Por qué no hablar del famoso gatillazo? Una se esmera, besa, acaricia, se exhibe…, para nada, el pingajo no sube ni a tiros. Y claro, hay que escuchar las excusas: “Cariño, no sé qué me ocurre, de verdad, es que voy tan estresado”. Porque el estrés en los hombres es la razón de todos sus males inexplicables, y hay que responderle: “no te preocupes, amor, no pasa nada”. Pues claro que pasa, ¡no te fastidia!, ¿cómo no va a pesar? ¿Y si se ha estropeado la máquina y se acabó lo que se daba? Claro, siempre queda el consabido recurso de saber por su boca que es la primera vez que le ocurre, la primera porque se olvida de la semana pasada, por supuesto.

¿Y cuándo nos quedamos a medias? ¡Qué hermoso y complaciente es! Para más inri, suele acompañarse el acto insatisfactorio de la exclamación: ¡Ay, preciosa, qué a gusto me he quedado! Tú sí, tienes ganas de decir en tan delicado momento, pero yo no he rascado bola, mamón, y, si encima, sigue la perorata y, cigarrito en mano, es capaz de preguntar: ¿te ha gustado? Entonces es cuando las ganas contenidas se reconvierten en asesinas. Sí, piensas, matarlo es lo mejor.

Pero, cada día son más los metrosexuales que utilizan calcetines negros, de marca Mari Clair, y tienen a bien enseñarlos en la intimidad. Porque es sexy la mujer con medias oscuras y ligero, amén de útil, pero el hombre desnudo con calcetines…, prefiero reservarme la opinión. Lo mejor de todo es que se los deja por frío, no porque su tacto sea tan agradable que pueda servirse de arma de seducción, no, nada más lejos de la realidad, es porque tiene miedo que se le congele el juanete. Un hombre con calcetines en la cama tiene la capacidad de convertir en frígida a la mujer más pasional. Luego, por supuesto, si argumentas, por delicadeza, que se te han pasado las ganas, no es por la visión de sus horrorosos pies enfundados, es porque tienes dolor de cabeza. ¡your father!!!!

¿Y cuándo le propones a tu pareja hacer un curso de tantra? Bueno, el esmero sale rápido. Respuesta más que posible: “pero si eso es cosa de chinos”. ¿Qué tendrá qué ver su inventor? Sirve para orientales y occidentales, pero no, él se niega a aprender nuevas artes, porque ya sabe demasiado – y se lo cree y todo.

Pero, lo mejor de lo mejor, es el prototipo de hombre “cultivado”, el que te promete que va a buscarte la perla de tu concha – suele ser metafórico- y casi tienes que sacar la enciclopedia del armario para instruirlo, cuando te das cuenta que busca la joya en el ombligo o en el cogote.

También nos podemos encontrar con el hombre gimnasio. Todo músculos. Pectorales, bolón en brazo, un sin par espectáculo de cuerpo y de ahí te pillo, ahí te mato. Se salta los preliminares, son cursilerías baratas, según él, y va directo al grano. Tiene la capacidad de hacerte sentir como una pesa de entreno, arriba y abajo, arriba y abajo. ¡Qué aburrimiento!

Y, en fin, mejor lo dejo por hoy que el pérfido Mayoral ya ha conseguido hacerme largar más de la cuenta.

En conclusión, si alguna encuentra al hombre-amante perfecto, haberlos haylos, que lo conserve. Vale la pena.