Me he propuesto expresarte lo que siento sin decirte que te amo. Huir de los estereotipos, de las frases consumadas, de las palabras de otros para escribirte, cariño, que veinte años son pocos; porque aún tengo cientos de historias que explicarte, miles de besos dispuestos para estamparse en tu boca, en tu frente, en la piel de tus mejillas, en tus rincones más íntimos, en tu pelo y, si me dejas, hasta en tu risa.

Quisiera matar los lunes, los viajes que nos separan, los días de tus ausencias, las mañanas sin palabras y borrar las noches frías que no has estado en nuestra cama.

Pudiera rogar al tiempo que quitara los puñales, malos momentos vividos, tragedias y enfermedades, pero tú sabes, tesoro, que prefiero conservarlos porque dan fe de que siempre hemos ido de la mano.

Si supiera cómo hacer para tenerte conmigo, cada instante de mi vida, te juro que no dudaría en pactar un sortilegio para fundirme en tus carnes y tú en mi fuero interno.

Necesito reflejarme en tus pupilas día a día. Sentirme musa del cuadro de tus ojos. Saberme la protagonista de la novela que lees en tus sueños y ser como el hada que es capaz de complacer tus más íntimos anhelos.

Eres aire que me envuelve. Tu aroma lo conservo en mi memoria. Te reconstruyo de día y te desnudo de noche. Abro la puerta al deseo y quisiera convertirme en pueril adolescente para escribir que tu sexo se clava en mi subconsciente.

Me provocan tus manos en mis muslos, aunque me acaricies sin darte cuenta. Me gusta que me busques y me encuentres. Que de madrugada sigamos siendo niños. Adoro que me ames cuando el sol despunta. Abrazarme a ti en la penumbra. Que me desnudes sin prisa, poco a poco, como si el tiempo fuera cómplice maestro que supiera que el minuto más hermoso siempre es el que te siento dentro.

Hoy hace veinte años que te dije que deseaba seguirte a dónde fueras y aquí me tienes, mi cielo, dispuesta a acompañarte hasta el último segundo que esta vida, también tuya, me permita estar contigo y tú quieras, claro está, que sea tu compañera, esa amante clandestina o esa amiga en las juergas.

Mas si lo prefieres, también seré el silencio en tu silencio, la palabra cuando platicas, la música que te relaja y hasta la ola voluptuosa que revolucione el día y te proponga, cariño, hacer alguna locura, como escaparnos lejos, llevándonos nuestro niño, mitad tuyo, mitad mío, fe de este cariño ciego que nos hemos profesado sin cláusulas ni juramentos, por estricta voluntad del corazón traicionero que se ha empeñado en demostrarnos que el querer también puede ser asunto de viejos.

Hoy hace veinte años, vida, veinte años que te quiero.