Atascada todavía en el paso 2, sin saber de qué escribir, decido dar un paso más hacia delante - a ver si el fregadero cuela de una vez- y evolucionar “constructivamente” –ejem, ejem-. Acepto las normas, implícitas y las explícitas, pero cuando quiero tomar modelo, porque me apetece ser moderna, innovar y romper con los yugos del pasado para lidiar en otra plaza - ¡olé, el paseillo!, ¿me estoy volviendo pelota?, upsssss – pues no hay nada mejor que darse una vuelta por las ovejas de corral para aprender a bloggear como en este país se ordena y manda.

Y, otra vez atascada, con un cortacircuito peor que la explosión de un fluorescente – apaga, Señor, ciertas luces antes de que explote- porque, digo yo, que la primera norma implícita que debe respetarse es la lengua – líbrenos el cielo de las malas que generan confusiones y desatinos-. ¿Qué hago? ¿Acentúo o no acentúo? ¿Correcto o incorrecto? ¿respetuoso o irrespetuoso? Supongo que cualquier Académico lo tendría claro, la tilde es insustituible e imprescindible, y presupongo que en un medio de comunicación de amplia difusión no pagaría a nadie que contrariase las normas gramaticales, ¿o sí? ¿Se acepta revolución como sinónimo de paz?

Porque, seamos francos, no es lo mismo escribir: La perdida de su madre, que “la pérdida de su madre”, o, “ el libro del castigo” que “él libró del castigo”. Esto requiere una reflexión profunda. ¿Dónde está el buzón de sugerencias?

Mientras dilucido la solución al dilema – y si voy más allá de las normas y me cargo también la h – que, ¿para qué la queremos si no suena?, la v – que es un engorro porque con la b me sobra y vasta, así siempre escribiré berga y no habrá malos entendidos-, la ñ la mantendré –por ser cañí y muy nuestra- pero la ch a la basura, que la x es más sensual; la ll me crea problemas con la y – así que “toos a cayarse”- y la s y la c las fusiono, que queda más Snoopy- , pues eso, que mientras dilucido el problema me voy al corral a ver ovejitas.